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mayo 2021
Una newsletter propia
 
Eso de los autocuidados...
Hoy os voy a hacer una pregunta que suelo hacerles a mis amigas cuando las veo, o las siento.
¿Os acordáis de Gaby, Fofó, Fofito y Milikito? Eran los payasos de la tele. ¿Os acordáis de su mítico “cómo están ustedes”? ¿Qué respondías de forma casi inmediata? Tengo la certeza de que, al leerlo, os ha salido un “¡¡¡Biennnnnnnnnnn!!!”

Pero si os reformulo la pregunta y os miro a los ojos, y os digo: Que no, que quiero que me digas, de verdad ¿cómo estás tú? Y lo hago interesándome por cómo te sientes, por cómo te encuentras y qué necesitas tú en primera persona del singular. En ese momento, el rictus de la cara cambia, y a poco que mantengamos la mirada, hay personas que hasta se echan a llorar.

En nuestro día a día, nadie o casi nadie, nos pregunta por ese “Y tú, ¿cómo estás?” que tanta falta nos hace… Hablaremos en este artículo de autocuidados. Sí, de los que debemos y tenemos que darnos a nosotras mismas y a nuestra “tribu” (tus amigas, tus hermanas, tus iguales, tus personas de confianza). Me da igual como las llames. Pero sabes que las tienes, que las necesitas y que, por tu bien y el de ellas, deberías poder tener espacios y ratos en los que poder sacar de dentro a fuera, todo aquello que te aprieta y no te sienta bien. Y, aunque no te lo parezca, a veces, es vital.

Todas, absolutamente todas somos conscientes de que esto nos ocurre. Nos ocurrió o nos va a ocurrir en algún momento. No nos prestamos atención y eso se traduce en miles de actos y acciones que, de forma inconsciente, vamos adquiriendo e integrando en nuestro día a día y que, en momentos puntuales, acaban en un “No me encuentro bien, no sé qué me pasa, me gustaría huir, necesito silencio, o solo quiero dormir”. ¿No os ha pasado? Tener mal humor (cuando sabes que te ríes de tu sombra). No tener apetito o tener un apetito voraz (cuando en tu vida diaria, siempre has sido una mujer equilibrada). Perder tu tono de voz para adoptar 18 tonos más altos, que te dejan afónica al final de la jornada (y saber a ciencia cierta que todo eso hace mella en tu día a día, que agría el carácter y no permitirte ser la mujer que, en esencia, eres… o mejor dicho, las mujeres que somos). Discutir a todas horas y pasar de cero a cien en dos segundos (sin ni siquiera saber por qué). Tener la sensación de que no llegas nunca a tiempo y que todo lo haces de prisa y corriendo (porque tienes tanto en la cabeza, que la cabeza no te da para más). No arreglarte o hacerlo por obligación, no sentirte deseada por tu pareja (porque siempre te dejas para el final, y al final, no te apetece de lo cansada que estás). Pensar que, si tú no lo haces, el resto del mundo no lo hará (el resto de ese mundo está bajo tu techo también, y aunque tú no lo creas, tienen las mismas obligaciones de hacer de vuestro hogar precisamente eso, un hogar tranquilo y amable).

Podría hacer un listado y no acabar, porque las mujeres en general, tenemos una carga que venimos soportando y para la que hemos sido concienzudamente instruidas desde el inicio de los tiempos... Es, si acaso, la consecuencia lógica del conocido Patriarcado. Tenemos que cuidarnos, conectar con nosotras mismas. Con la esencia que cada una tenemos. No te estoy pidiendo que te vayas de retiro a India, aunque si te lo propones y es tu deseo, adelante, ¿por qué no? Lo que trato es de crear conciencia sobre esa necesidad que todas tenemos de pararnos y ver qué somos hoy y qué no queremos seguir siendo mañana. Te invito a que te hagas un listado muy simple. Anota en un cuaderno:

1. Desde cuándo no te ríes a carcajadas.

2. Desde cuándo no te ves con tus amigas o mejor amiga.

3. Desde cuándo no te permites tener una tarde para ti.

4. Desde cuándo no has ido al cine.

5. Desde cuándo no has hecho planes contigo misma o con tu familia sin que haya supuesto que, para realizarlos, tú te hayas tenido que ocupar de todo.

6. Desde cuándo no te hace nadie el desayuno.

7. Desde cuándo no te das un capricho.

8. Desde cuándo no ves un amanecer o un atardecer sin interrupciones.

9. Desde cuándo no te dan un abrazo sin tiempo, en donde tú puedas rendirte, dejarte caer y volver a respirar profundamente hasta cobrar el aliento de nuevo.

10. Desde cuándo no te miras al espejo y te dices lo mucho que vales y lo guapa que eres.

Quizá te parezcan nimiedades estas cosas que te propongo, pero al igual que respirar… sentirse una mujer plena, también entraña pararse y mirarse adentro. Nos dan por hechas, cuestiones que no son exclusivas de las mujeres. Y solo cuando tomamos conciencia de ellas, somos capaces de pedir ayuda, o de buscar a otras mujeres con las que tener ese nexo de unión para compartir, reír, y alejarnos de aquello que, a diario, nos aprieta y nos deja sin energías. Las mujeres no debemos combatir entre nosotras. Tenemos que unirnos, conseguir vernos como aliadas, en todos los ámbitos de nuestra vida: en el laboral, en el personal, en el familiar, etc.

Me gustaría saber qué te ha parecido esta propuesta, y si estarías dispuesta a trabajarla para ser un poco más feliz en tu día a día. Crear un grupo de autocuidados en el que hablar de todo lo que nos preocupa, sienta mal o incomoda. También de aquello que queremos, necesitamos o nos gustaría. Sería genial si estáis dispuestas. Yo lo estoy y aquí están mis conocimientos para crear esa tela de araña que siempre hemos tejido de mil maneras.

Os espero. Seamos tribu.

Marga Fernández. Agente para la igualdad




Edita: Centro Igualdad Trece Rosas.
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