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marzo 2022
Una newsletter propia


 
A ti,
Mujer, que estás en medio de un proceso de cáncer o enfermedad, préstame atención, quiero decirte algo:
“No siempre podrás sentirte bien y está bien”
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Los médicos te dicen (a mí, también me lo dijeron cuando me enfrenté a un diagnóstico difícil): “tienes que estar alegre; tienes que ser optimista; tienes que esforzarte para ayudar a tu cuerpo en la recuperación; inténtalo, tienes que sentirte bien, tienes que estar agradecida, tienes que pensar en lo bueno…”

“Tienes que...”
“Tienes que…”

“Sino lo haces, tu cuerpo sufrirá, no se curará, influirás en tu recuperación, en tus defensas… tu cuerpo te escucha, tus defensas bajan y tu cáncer empeorará.”

Estas son las palabras de una mujer de 43 años, que hace escasas horas ha sido intervenida quirúrgicamente.

Esta mujer sale del quirófano, sube a planta y allí la esperan sus padres y su marido. No ha sido cualquier intervención. Acaba de perder un pecho.Está aterrorizada y su mayor sufrimiento es sentirse como se siente En ese momento, se sabe incapaz de sentir ninguna otra cosa que su propio dolor. El generado por el miedo ante la existencia de un tumor en su cuerpo. Y ante el sufrimiento (sí, sufrimiento) de haber perdido un pecho. Y a su dolor, se suma este otro dolor de estar sufriendo y quién sabe si, con su “actitud”, no estar ayudando a su cuerpo a sanar.

Una dosis extra de culpa y miedo que la ahogan y que la invaden como le invade el pánico de enfrentarse a su propia supervivencia.

Tiene que estar feliz y alegre porque ya la han operado y le han quitado el tumor… Así “debería” sentirse. Feliz y alegre porque ya le han extraído la malignidad de su cuerpo.

Soy su amiga. Le pregunto cómo está y me dice que si puede llamarme. La llamo, con la respiración entrecortada, descuelga el teléfono y llora; lloradurante minutos… la escucho y lloro con ella.

No hay espacio para nada más, no hay palabras de consuelo. Solo llanto.

Y espacio para que pueda sentirse.

Estoy en la distancia, a muchos kilómetros de ella y a la vez muy cerquita. Presente.

Como profesional, entiendo la intención que hay tras esas palabras que los médicos le transmiten. No las juzgo. Yo también las he dicho en multitud de ocasiones. Hoy, comprendo que son palabras que, aunque bienintencionadas, nacen del desconocimiento existente sobre las emociones.

Avanzar en eso que llaman “inteligencia emocional” es imprescindible.

Cuánto sufrimiento y cuánto impacto generan, a veces, palabras cargadas de las mejoresintenciones, de buenos deseos, de amor…

Paciencia. El de las emociones esun largo camino, en el estamos avanzando, sin olvidar que todo el tiempo estamos aprendiendo y desaprendiendo…

Experimentamos sentimientos muy contractivos, como la culpa, que nos deprimey envenena nuestro cuerpo y nuestra alma.

Nos sentimos culpables por sentir lo que sentimos.Y, con frecuencia no nos permitimos sentir.Bloqueamos nuestro cuerpo, lo tensamos, lo anestesiamos, lo distraemos, locastigamos… Sencillamente, para no sentir.

Como norma, hemos sido educados y educadas para no sentir las emociones que son contractivas y desagradables. Educados y educadas para “tapar”, para disimular, para que no se vea… A disimular y a huir, en definitiva, de lo “desagradable”.

Hoy, son cada vez más quienes plantean la importancia de dejar que aparezca lo que sea que surja en cada uno de nosotros y nosotras, para poder darle un espacio, abrazarlo y mirarlo. Como quiera que sea, eso también CURA y ayuda a SANAR.

Mi amiga me contaba que, en su entorno, no sentía confianza para poder expresarse, para quejarse de su dolor; para mostrar miedo en su cara; para liberar su llanto, para compartir lo que su mente le trae; los pensamientos que la atormentan…

Su mente fabrica pensamientos a una velocidadvertiginosa y su cuerpo ya no puede ocultar más lo que siente. Y este choque frontal entre su cuerpo, su mente, su miedo y su dificultad para expresarse y dolerse la han llevado al colapso. Me cuenta que se ha mareado.

Ella sabe que no ha sido por falta de comida o de descanso. Internamente sabe que no puede más, que tiene que ver con lo que está sucediendo y todo lo que lleva reprimido desde hace mucho tiempo, desde el día que recibió la noticia. Y también desde antes…

Siente miedo, nadie le ha contado que puede sentirse desbordada y que está bien.El cuerpo necesita y también sabe autorregularse.

Me pregunto cuán necesario es formar a toda la población, en materia emocional; como lo es formar a las personas que están al servicio y cuidado de otras y de su salud. A los profesionales de la salud.A las familias y a quienes se enfrentan a una enfermedad.

La educación emocional enseña a vivir. Mi generación, como la mayoría, ha sido educada en la máxima de Descartes: “Pienso, luego existo”. Hoy, parece que, además de la importancia de pensar, es vital dar un paso más para tomar conciencia de esta otra máxima:“Siento, luego existo”. Se trata de pensar menos y sentir más. Quienes creen que lo contrario de “pensar” es “no pensar”, no están en lo cierto. Lo contrario de “pensar” es “sentir”.

No conocemos las emociones;no sabemos reconocerlas en nuestro cuerpo, identificarlas, nombrarlas, gestionarlas para saber qué mensaje o mensajes nos traen y soltarlas de manera que se conviertan en aliadas y no en nuestrasenemigas.

Nos han educado para no sentir las emociones contractivas, entendidas como aquellas que producen sensaciones desagradables en nuestro cuerpo y que nos incomodan. Miedo,enfado, tristeza…

Y por desagradables y contractivas que nos parezcan, son inevitables (y necesarias) anteun proceso de DUELO. El duelo entendido como cualquier pérdida que experimenta la persona.

En el caso de las mujeres con cáncer de mama son múltiples los duelos que aparecen:
• Pérdida de su estado de salud general.
• Pérdida de su pecho o parte de él.
• Pérdida de las cualidades asociadas a ese cuerpo.
• Pérdida de una posible maternidad.
• Pérdida de confianza.
• Pérdida de seguridad…
Si ante esta situación, ellas, nosotras NO SE PUEDEN, no podemos,permitirnos sentirnos vulnerables, tristes, enfadadas, con miedo… algo estamos haciendo mal.

Cierto es que nuestro cuerpo, nuestro sistema inmune aumenta sus defensas cuandofluimos con la vida, cuando decimos “sí” a todo lo que pase, cuando No nos resistimos a lo que sucede, aceptamos y acogemos, desde el amor, los acontecimientos que nos suceden y las emociones que nos surgen y que nos ocupan.El deseo de querer frenarlas, evitarlas, negarlas, no traerá bienestar y salud, sino que hará que se intensifiquen más hasta que las escuchemos.

Cuando damos cabida a todo tipo de emociones y las transitamos, la amígdala que, había secuestrado el cerebro y activado el modo alerta y alarma, baja su incesante actividad. Y es justo ahí cuando seactiva la neurogénesis(creación de nuevas neuronas)y empezamos a tener acceso a partes de nuestro cerebro que nos permite aprendery abrirnos a nuevas posibilidades.

Y a conectar con nuestros propios recursos, que los tenemos.

Cuando nos sentimos seguras,acompañadas, validadas, amadas, aceptadas y reconocidas como personas capaces también de contribuir a construir salud al ritmo que podemos y, con lo que tenemos... Alquímicamente, sin forzar nada, el cambio aflora desde dentro. Un cambio que es posible si disponemos de los recursos necesarios, si es real, libre, respetuoso, coherente, amoroso y sostenible. La semilla está en nuestro interior, solo necesitamos regarla como necesita. Hay algunas cosas que, como es natural, no dependen de nosotras y que no podremos “controlar”, pero hay otrasque sí como tratar de proveerte y nutrirte siempre que puedas de un entorno seguro.

Y como recordatorio final: NADIEtiene derecho a opinar o criticar sobre ti, sobretu vida, ni sobre tu proceso. Ni tampoco a poner en duda tu esfuerzo o capacidades.

No lo hagas tampoco tú, por favor.

Te abrazo.

Laura Jiménez Aguirre
Orientadora educativa
Inteligencia emocional, psicología, pedagogía y sexología y género

El Ayuntamiento de la Zubia colabora con la 13 Carrera de la Mujer de Granada, contra el cáncer de mama.

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