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marzo 2021
Una newsletter propia
 
Inmaculada Montalbán
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Primera mujer andaluza vocal del Consejo General del Poder Judicial, Inmaculada Montalbán colabora como experta con la Comisión de Igualdad del Consejo General de Poder Judicial y es delegada de Igualdad del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Desde el Consejo General del Poder Judicial, la recién galardonada con el premio “Trece Rosas” de la Zubia, ha presidido el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género y de la Comisión de Igualdad. Herramientas cruciales de coordinación, análisis y propuestas para mejorar la respuesta judicial.

- Acaba de ser distinguida, con el premio “8 de marzo”, cuya la finalidad es reconocer públicamente la labor desarrollada por personas y/o entidades que hayan contribuido y destacado en la promoción de la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres en cualquiera de los ámbitos de la vida social, educativa, política, económica y cultural, en el municipio de La Zubia y con carácter general en una de sus categorías…

- A pesar de haber recibido diferentes distinciones a lo largo de mi carrera, como el Premio Rafael Martínez Emperador (primera mujer en recibirlo), que reconoce investigaciones sobre materias jurídicas relevantes, o la Medalla de Andalucía en 2012; esta distinción del Centro de Igualdad “Trece Rosas” de La Zubia me ha hecho una muy especial ilusión. Desde hace años, tengo un vínculo estrecho con el municipio y con su centro de Igualdad.

- La distinción con el premio 8 de marzo, llega en un momento marcado aún por la tercera ola de la COVID-19 en nuestras vidas…

- En un momento complicado, marcado por una crisis sanitaria de consecuencias devastadoras, en el que urge relanzar otras cuestiones vitales como los relacionados con la violencia de género, el premio es un aliento para seguir trabajando intensamente.

- La pandemia ha silenciado en gran medida, cuestiones urgentes como la violencia de género. La situación de estas mujeres en pleno estado de alarma, se ha visto “confinada”, en muchos casos, al ámbito del hogar…

- Los datos evidencian que, durante el primer confinamiento, hubo un incremento elevado de llamadas al 016, por parte de mujeres con miedo a romper las medidas de restricción y, por lo tanto, se sintieron limitadas (o impedidas) para acudir a las instituciones. Los datos también ponen de manifiesto que subsiste la violencia contra las mujeres dentro de los hogares; un problema social con tintes dramáticos que sugiere la necesidad de mantener y asignar recursos para identificar y proveer la ayuda necesaria a estas mujeres para salir del círculo de la violencia.

Cuando hablamos de violencia contras mujeres, incluso en una situación de crisis sanitaria con una consecuente crisis económica y social, no debe haber merma en la asignación de partidas ni de recursos económicos.

- La COVID-19 también en el ámbito profesional ha sido especialmente virulenta con las mujeres. Se han agudizado las brechas salariales; la conciliación en el hogar ha resultado no ser una gran panacea; y en comparación con los hombres padecen un mayor número de despidos y expedientes de regulación de empleo temporal…

- En todas las crisis económicas, como la de 2008 o la derivada de la irrupción de la COVID-19 en nuestras vidas, una de las primeras consecuencias es el aumento de la precariedad laboral de las mujeres. En el momento actual, no solo ha aumentado el número de contratos a tiempo parcial para las mujeres; sino que han tenido que volver, en muchos casos, al hogar para asumir funciones de cuidado, que las administraciones y las instituciones, por las razones que fuere y por un tiempo concreto, han dejado de proveer.

Los cierres de atención a personas mayores, por ejemplo, en los meses de confinamiento “duro” ha hecho que sean las mujeres quienes hayan tenido que volver a desempeñar el papel de cuidadoras. Y hacer esa función “social” que corresponde a un estado social de derecho, democrático y avanzado. Ha ocurrido en España y otros países europeos.

- En su Agenda 2030, la ONU, nos ha dotado de un objetivo de desarrollo sostenible (ODS) trasversal y central, el ODS 5, “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, y sus respectivas metas, sin cuyo cumplimiento se complica un verdadero desarrollo sostenible…

- La ONU y todos los tratados y acuerdos internacionales que contemplan y analizan a las sociedades desde un punto de vista democrático y evolutivo, como como el Tratado de la Unión Europea, considera la igualdad entre hombres y mujeres como un factor clave en el avance, la consolidación, la madurez y la “salud” democrática. Está claro que, si la sociedad está gestionada, en términos de igualdad, por hombres y mujeres se conseguirá más paz social y una mayor garantía de los derechos.

La igualdad es un reto para dejar atrás largos siglos de desigualdad que han sufrido las mujeres y que han consagrado, de facto, normas, costumbres… y que todavía se manifiesta con demasiada frecuencia y con nuevas y viejas fórmulas como la trata de mujeres. Contribuir al logro del ODS 5 es una forma de contribuir a la erradicación de este tráfico de personas.

- Respecto de que hayas posturas o formaciones que nieguen la necesidad de días como el 8 de marzo o el 25 de noviembre, ¿cuál es su opinión?

- El hecho de que existan determinados sectores que se posicionen en contra de la evolución y consecución de los derechos de las mujeres o cualquier otra “ocurrencia”, es un ejercicio para “hacer valer” sus posturas frente a días como el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, impulsado por Naciones Unidas. Días como el 8 de marzo o el 25 de noviembre son y siguen siendo necesarios y tienen todo el sentido.

La sociedad ha hecho un muy importante avance para reconocer que la violencia contra las mujeres es una cuestión pública, y no circunscrita al ámbito de lo “doméstico”, como se decía antes. Y desde luego, hemos superado la creencia de que, en el seno del matrimonio o la convivencia, hay que aguantar los malos tratos. La violencia contra las mujeres es una cuestión pública que atañe a los derechos humanos, al derecho a la integridad, a la dignidad… Hoy día, esa visión retrógrada está desfasada. Y el Estado cuenta con herramientas para proteger a las mujeres, como protocolos de actuación y prevención y juzgados especializados en violencia contra las mujeres. La aportación de los centros municipales de Igualdad, en el ámbito de la administración local, como el de La Zubia, es también crucial y ejemplarizante, por su cercanía a las víctimas.

No nos podemos permitir retroceder, hay que reforzar el papel de los organismos de igualdad y reforzar las líneas de actuación, prevención y asistencia a las víctimas.

Edita: Centro Igualdad Trece Rosas.
Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de la Zubia
Concejala de Igualdad: Rosa Gamero Arévalo
Coordinación Técnica: Cristina López- Gollonet Cambil
Redacción, diseño y montaje: Dividendo Social, Raquel Paiz y Raquel Marín
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